Partido Socialista - Provincia de Córdoba
NOTICIA / PROVINCIALES

NOTAS DE OPINIóN
 
Fecha: 05-10-2013
Migrantes
Las declaraciones de Hermes Binner en torno al tema de la pobreza dispararon críticas desde distintos sectores de la política provincial. En su mayoría, acusando al máximo referente de nuestro partido de enunciar comentarios xenófobos. El uso perverso de sus dichos por parte de la oposición merece de nuestra parte el más amplio de los repudios.

Las declaraciones de Hermes Binner en torno al tema de la pobreza dispararon críticas desde distintos sectores de la política provincial. En su mayoría, acusando al máximo referente de nuestro partido de enunciar comentarios xenófobos. El uso perverso de sus dichos por parte de la oposición merece de nuestra parte el más amplio de los repudios.

Rosario es una ciudad ubicada en el corazón agroindustrial que desde su origen recibe corrientes migratorias de las más variadas. En los comienzos de siglo fueron en su mayor parte de origen europeo y hacia la segunda mitad del siglo XX, del interior de la misma provincia, de otras provincias, y de países limítrofes.

Este fenómeno fue posible porque Rosario, como otras ciudades del país, se convirtió en un polo de atracción frente a la falta de oportunidades en otros horizontes. La migración interna, en especial proveniente de provincias del norte argentino, comenzó a hacerse más visible. Y muchos de nuestros barrios comenzaron a poblarse por lo que podríamos calificar como “expulsados del sistema”. Entre ellos, hombres y mujeres de la comunidad Qom, expulsados de sus tierras, en Rosario han encontrado no el mejor lugar de los mundos, pero al menos una posibilidad de atención a las necesidades básicas que sus propias provincias de origen les negaron.

Hay que decirlo, se trata de un sistema que expulsa poblaciones para apropiarse de sus tierras que cada día adquieren mayor valor productivo. A ello se suma la falta de políticas públicas que garanticen sus derechos básicos. Y aun mucho peor, son usados como mercancía política ante cualquier instancia electoral a cambio de dádivas y no lo que les corresponde por derecho propio, que es dignidad para sus vidas.

Rosario les ha ofrecido y les ofrece el sistema de salud que se les niega en otras provincias. Y también una educación que en el caso de la comunidad Qom se traduce en programas educativos de respeto a sus tradiciones y a su lengua. Un esfuerzo desplegado por las gestiones locales hecho con absoluto respeto y sin pedir, como es bajo el signo de otras administraciones políticas, nada a cambio, absolutamente nada.

El responsable de la pobreza no es el pobre, sino un sistema económico, el mismo que es defendido por aquellos que insisten en decir que esta década es la década ganada, cuando en verdad lo que se ha multiplicado es la desigualdad, y también villas, violencia y marginalidad se expanden día a día sin que exista forma alguna de que los municipios puedan brindar una respuesta global y sostenida a este drama.

Negar que las migraciones internas estén asociadas a la pobreza es como querer tapar el sol con las manos. Los migrantes, estos migrantes, huyen de sus pueblos y ciudades en busca de lo mínimo para su sobrevivencia. ¿Qué hay de escandaloso, nos preguntamos, en decir esto? ¿Dónde anida en estas palabras el espíritu xenófobo?

Las migraciones enriquecen a las sociedades, es cierto, y las sociedades necesitan estar preparadas para darles respuesta. Decir lo contrario es perversamente ingenuo. Afirmar que la pobreza no se soluciona con dar comida y algunos planes, sostener que es el modelo del monocultivo sobre el que este gobierno nacional ha apoyado su gestión una de las razones de tanta miseria y expulsión no es estar en contra de las migraciones, es nombrar el drama de las expulsiones, drama que atraviesa la vida de millones de argentinos.

Por eso, cuando las voces altisonantes se alarman de la sinceridad de un político que ha puesto en marcha las políticas de contención y desarrollo social más destacadas frente al problema de la pobreza, uno no puede más que reconocer que una vez más la hipocresía y la maledicencia guían el pensamiento de los escandalizados.

Que Hermes Binner haya dicho que los expulsados del sistema llegan a Rosario, que ellos son los que engrosan los márgenes urbanos y que su presencia en nuestra ciudad exige un redoble de los esfuerzos que muchas veces no alcanzan para satisfacer las necesidades, no debería ser leído más que como una descripción de una realidad que los defensores del “relato” pretenden enmascarar con discursos o cifras que nunca se corresponden con lo real.

Nadie abandona su lugar de origen por el placer de abandonar lo que le es propio. Que se pregunten los defensores de este modelo económico por qué los montes han desaparecido, por qué los pozos no dan agua, por qué los hospitales no existen donde debieran existir y por qué los niños siguen caminando descalzos y trabajando a destajo en los obrajes, junto a sus padres, por un jornal miserable.

Y entonces, cuando respondan a estas preguntas, que nos digan, sin hipocresías, mirándonos a los ojos, si tan ganada ha sido esta década, por qué motivo, nuestras villas crecen y por qué cada día más madres con sus hijos en brazos sueñan con abandonar sus territorios miserables en busca de un techo precario en los márgenes de las grandes ciudades.

Responder esto es un ejercicio invalorable. Porque responder es reconocer el problema y una manera de comenzar a solucionarlo. Cuando Hermes Binner señala con su mano los bolsones de pobreza sus voces se alzan contra la mano. Con lo cual, hay que decirlo, usan al pobre de manera proselitista negando la pobreza como problema político y social.

Si lo asumen, lo solucionamos juntos porque si se puede expresar dialécticamente, se puede resolver políticamente, que es lo nuestro.

*por Alicia Ciciliani  - Diputada Nacional - Partido Socialista

 


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